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Descansando

Hay que estrenar la sección de "Así hago mis fotos", así que os voy a contar la historia tras esta foto, y cómo está hecha. Como veréis, no es una foto técnicamente compleja de conseguir, aunque sí que requiere paciencia. Vamos a ello.

 

La foto está tomada en Tarbes, una pequeña ciudad de sur de Francia, en la región del Pirineo Central. Fue la ciudad donde mi padre se crió y pasó su infancia y juventud, y en mayo de 2015 mi novia y yo decidimos ir a conocerla, aprovechando que íbamos a hacer un viaje por el sur de Francia.

Entre otras muchas cosas, visitamos los cementerios de la ciudad (le debo a ella la afición por fotografiar cementerios). Esta foto está tomada en el cementerio de St. Jean, el más antiguo de la ciudad y que data de 1771. Era una tarde calurosa, aunque el sol del primavera ya se iba acercando poco a poco al horizonte, ye encontraba en dicho cementerio buscando la tumba de un familiar, au nsabiedno que era misión casi imposible (de hecho, no fui capaz). En medio de la búsqueda, vi pasar esta libélula, y aunque no tenía nada que ver con lo que estaba haciendo decidí darle una oportunidad y comencé a seguirla (quien sabe si me podría haber 'guiado' a la tumba que buscaba). Hice alguna foto al vuelo, y alguna más cuando se posaba. Pero no eran lo que quería así que seguí tras ella. Al final tras media hora de persecución, decidiío pararse un rato a descansar en esa ramita, que salía de una descuidada lápida.

Con el sol bajo dando un bonito contraluz y ese abdomen anaranjado reluciendo y contrastando con las tumbas y lápidas en sombra que tenía detrás, me dije que tenía que ser mía. Fui ideando la foto mientras esperaba unos minutos a que se "acostumbrara" a mi y configuraba los parámetros de la cámara (volveré más tarde sobre ellos), y luego me fui poco a poco acercando, con tranquilidad, sin prisa y sin movimienots bruscos.

Hice algo que suelo hacer a menudo cuando busco acercarme mucho a un sujeto asustadizo: Disparar una foto más lejos de lo que me gustaría, para 'asegurar' una toma. Si cuando me estoy acercando más el 'amiguito' se asusta y huye, al menos habrá una toma sobre la que trabajar. En este caso, esa toma 'de seguridad' fue completamente inútil, ya que pude acercarme más y más hasta encontrar el encuadre perfecto sin que la libélula se moviera. Es una de las 'facilidades' que da este bichito: Una vez posada, la forma de sus patas (adaptadas para la caza) le impide moverse. No puede caminar como si hacen por ejemplo las abejas, las moscas y la mayoría de insectos voladores. Evidentemente esto facilita algunas tomas, pero ojo, si el resultado no es perfecto por cometer algún error, tenemos una excusa menos!

Bien. En estos momentos estoy a un palmo de la libélula, con la cámara configurada de antes: Objetivo 100mm macro, f5.6 para controlar la profundidad de campo y aislar los ojos, 1/200 para evitar trepidación. ISO 200, la que me permite tirar con los parámetros de apertura y obturación que quiero. Como habréis imaginado, cámara en manual. Ahora sólo falta enfocar y disparar. Un cámara fullframe, un 100m MUY cerca y un diafragma relativamente abierto no son los mejores amigos de la profundidad de campo, así que había que afinar mucho el enfoque. Por suerte, el motor de enfoque del 100mm es muy rápido y preciso, y con la opción de enfocar manualmente en cualquier momento. Como no estaba con el trípode, decidí confiar en el AF a un único punto. Un par de tomas más por si al AF le daba por traicionarme y listo.

Un par de semanas más tarde, ya en casa y con la foto algo reposada, era hora de sacarle partido al RAW, aunque también he de decir que no fueron necesarios grandes cambios. Oscurecer un pelín lo negro, un mínimo empujoncito al contraste, una capa de ajuste de niveles en ojos y abdomen de la libélula, y poco más. Foto lista.

Esper oque os haya gustado la foto y que hayáis disfrutado de su historia.